#DePelicula: Fragmentados

A pesar de haber afirmado enérgicamente en conferencia de prensa luego del encuentro ante Águilas Doradas que su supuesto alejamiento eran invenciones del periodismo, el día jueves 30 de mayo Ariel Holan dejó de ser el director técnico de Independiente.

 El DT que nos devolvió la identidad, San Holan, el técnico de los drones, el caprichoso, el que elije malos refuerzos, el que potenció a tantos jugadores, el técnico que vino del hockey, el mejor DT rojo de los últimos 20 años… Tantos apelativos ha tenido Ariel Holan en dos años y medio que inevitablemente me recordó a Fragmentados, film estadounidense del año 2016 dirigido por M. Night Shyamalan y con la brillante de James McAvoy.

Ariel Enrique Holan llegó a principios de 2017 cuando Independiente era poco menos que un “fierro caliente”. Venía de un 2016 muy desilusionante y el recuerdo del 0-3 ante un mediocre Racing (que volvía a golear al rojo luego de casi 50 años) estaba más fresco que nunca. El ahora ex DT tenía la difícil tarea de reordenar un equipo deficiente en todas las líneas, con exceso de jugadores no aptos para vestir la camiseta del Orgullo Nacional. Su única experiencia como técnico en un equipo de fútbol había sido un año en Defensa y Justicia, lo cual generaba ciertas desconfianzas, no tanto por como le había ido en el equipo de Varela (de hecho su paso allí fue positivo) sino por ser alguien que provenía de otro deporte, el hockey.

Desde el vamos, su  estadía en el Rojo fue turbulenta: realizó una necesaria limpieza del plantel propiciando la partida de jugadores cuestionados (como Jorge “Marciano” Ortíz, Gustavo Toledo o Damián Martínez) y no tan cuestionados (como es el caso de Diego “Viruta” Vera y Víctor Cuesta). Más temprano que tarde el tiempo daría la razón al por entonces flamante técnico sobre esta masiva limpieza. Y no sólo por los que se fueron, sino también por quienes se quedaron. Sí, porque uno de los más cuestionados del ciclo anterior, Juan Sánchez Miño, era apuntado para irse y sin embargo el técnico lo retuvo colocándolo en la posición de 3 y devolviéndole la confianza y el nivel que hizo que hoy Juan sea uno de los jugadores más respetados por el hincha.

Su primer semestre puede calificarse de positivo. No se obtuvieron grandes resultados ni se pudo conseguir el objetivo de entrar a la Libertadores (algo que se lograría más tarde con la obtención de la Sudamericana). Pero dado lo malo que había sido el año anterior, sumado al hecho de que el plantel rojo era corto y apenas había podido sumar tres refuerzos (Erviti, ya con 36 años; Domínguez, jugador mediocre; y un puma Gigliotti fuera de forma y ritmo), y sin poder contar con uno de los mejores delanteros de entonces, Leandro Fernández, la valoración termina siendo más que positiva. Pronto comenzó a verse una idea de juego que entusiasmaba, jugadores con bajos rendimientos volvían a tomar protagonismo. Quizás el punto de inflexión en este primer semestre de 2017 fue el clásico ante Racing, donde el rojo se impuso con autoridad 2 a 0 con tantos de Rigoni y Meza. Y un detalle no menor: había avanzado en la primera ronda de la Copa Sudamericana.

En el segundo semestre de 2017 comenzaría lo mejor. La etapa por la cuál es y será recordado por siempre Ariel Holan. Su arranque fue auspicioso ganando contundentemente la serie de 16avos frente a Deportes Iquique. Luego llegaría la serie ante el Atlético Tucumán de Zielinski. Un primer encuentro de visitante que finalizó en derrota 1 a 0 y jugando muy mal abrió la puerta de la duda, ¿estaría el equipo a la altura de lo que se jugaba? El tiempo disiparía todos los interrogantes: en una vuelta para el infarto, el Rojo eliminó a los tucumanos, ganado 2 a 0 en el Libertadores con un hombre menos buena parte del complemento. Un encuentro que sin dudas generaciones precedentes deberán ver para entender qué es el Rey de Copas. Más adelante, en lo que serían cuatro meses de absoluta locura, el Rojo se coronaría campeón, con el agregado de haber vencido los clásicos ante River y Racing con equipos con mayoría de suplentes (y, por supuesto, el agregado de los periodistas partidarios del vecino pidiendo que su nuevo clásico fuese otro equipo a fin de no sufrir más humillaciones). Y por si fuera poco, jugando un fútbol vertical, de alto vuelo. Un fútbol que contagiaba, que nos retrotraería a los mejores momentos de esta gran institución, siendo la frutilla del postre la consagración y vuelta olímpica en el Maracaná, dónde solamente tres equipos en la historia (el propio Independiente, Liga de Quito y la selección de Uruguay) dieron la vuelta, aunque sólo uno de ellos lo hizo en dos oportunidades (creo que no hace falta que diga cuál de los tres fue, ¿no?).

El primer semestre del 2018 fue también de esos memorables. Si bien tuvo momentos de bajo rendimiento, en los encuentros claves supo sacar el pecho y sobreponerse a la adversidad con mucha clase, como en el encuentro en fase de grupos contra Corithians de visitante, en el que a Independiente sólo le servía ganar y lo hizo: 2 a 1 en un cotejo muy peleado. Lo mejor del equipo se vio en la Recopa frente Gremio, donde pese a la derrota por penales, jugó ambos encuentros con 10 jugadores durante los casi 90 minutos y así y todo peleó de igual a igual frente al campeón absoluto del continente.

La segunda parte de 2018 alternaría buenas y malas. Por un lado, la obtención de la Suruga Bank, mediante la cual el Orgullo Nacional alcanzaría 18va conquista internacional de su historia. Sin embargo aquí comienzan los primeros cuestionamientos al DT, que insistía con algunos jugadores cuyo nivel era inferior al de sus respectivos suplentes. En el campeonato alternaba buenas y malas, aunque en la Copa Libertadores lograba el pasaje a cuartos (eliminando en octavos a Santos, lo que fue una serie no exenta de controversia) para enfrentar a River en una serie polémica, en la cual el Rojo fue claramente perjudicado en detrimento del a la postre campeón del certamen. Quedará en el recuerdo aquella acción que debió terminar en penal y expulsión de Pinola, advertida por los jueces del VAR y comunicada al referí de esa noche, Anderson Daronco, quien hizo oídos sordos a la advertencia de sus colegas.

La eliminación de la Libertadores, sumada a la dolorosa eliminación en la Copa Argentina en manos de Brown de Adrogué hizo que el equipo pusiese toda su atención en la Superliga, y así comenzó a sumar algunos puntos que lo dejaron cerca de los puestos de vanguardia. En este momento la relación del DT con la hinchada tomó otro cariz. Comenzaron cuestionamientos más profundos, sobre todo con algunas decisiones que parecían ir a contramano de todo lo bueno que se había hecho en 2017 y la primera parte de 2018. El punto de inflexión fue la partida de Emmanuel Gigliotti, que por entonces era goleador de la Superliga y atravesaba su mejor momento desde que llegó al Rojo.

El primer semestre de 2019 sería la prueba de fuego para un Holan que comenzaba a tomar determinaciones que parecían fuera de toda lógica. Sus apuestas por algunos jugadores en detrimento de otros fueron, casi con certeza, lo que hizo que buena parte de la hinchada comenzase a criticarlo severamente y algunos a pedir su renuncia. Quizás entre las cosas que más irritaron a la gente fue, en primer lugar la partida del “puma” (que indicó en varias oportunidades que su partida no fue una cuestión económica,contrario a lo señalado por Ariel Holan) y la apuesta por un Silvio Romero falto de fútbol, de forma y sin confianza para ser el delantero que tanto se necesitaba. En segundo término, la insistencia con Gastón Silva por encima de Sánchez Miño. Aunque durante la Sudamericana 2017 el uruguayo fue uno de los pilares, su nivel ha bajado y durante el semestre el ex-Boca demostró estar en mejor nivel. Luego vendrían cuestionamientos hacia algunos jugadores en concreto, como Alan Franco, Pablo Hernández o la insistencia con un Cerruti que probó sobradamente no tener condiciones para estar en Independiente.

Pero quizás el jugador más cuestionado, y a su vez el más respaldado por el ahora ex-DT, fue el chileno Francisco Silva, que llegó a mitad de 2018 y jamás pudo asentarse. Si bien su contratación en un primer momento no fue mal vista, tomando en cuenta los buenos rendimientos que tuvo en el Chile bicampeón de América, en el Rey de Copas fue sólo una sombra de aquel Silva. Un jugador tan falto de técnica tanto para la marca como para la distribución (algo que ni siquiera compensaba con entusiasmo) que realmente exasperaba. Y por si fuera poco, Holan se empeñaba en ponerlo por encima de Domingo, un auténtico baluarte rojo desde su llegada, que enamoró a la hinchada no sólo con su entusiasmo, juego y  ganas, sino también con su personalidad (siempre de perfil bajo) y siendo un patrón del mediocampo.

De aquí que llegasen apelativos del tipo: “soberbio” o “caprichoso” e incluso se lo acusó de tener negociados entre él y su representante con algunos jugadores del plantel, tema en el que, por supuesto, no me voy a adentrar. Invito, eso sí, a cada uno de ustedes a que averigüe y saque sus conclusiones al respecto. En lo personal, no tengo ningún tipo de pruebas a favor ni en contra de tal acusación.

El equipo vería un declive importante, una merma alarmante en su juego. Buena parte de la responsabilidad fueron los malos mercados, pero la partida de Gigliotti sin dudas hizo caer en picada el promedio goleador del equipo. El puma en 15 encuentros había marcado 12 tantos, mientras que el equipo entero en los 11 restantes marcó 11. En el medio de esto vinieron derrotas dolorosas contra Racing, un empate con sabor a derrota contra el que quizás fue el peor San Lorenzo de la historia y la más dura de todas: el 3 a 0 ante River. Fue tal la baja del equipo que de repente se pasó de pelear un lugar en la Libertadores a especular con la posibilidad de quedar fuera de la Sudamericana también. Posteriormente vendría la serie por la Copa de Superliga ante el último del torneo, Argentinos Juniors, y una vez más el rojo demostró no estar a la altura. Con un 2-3 de visitante y la igualdad en 1 de local, el equipo de Holan se iría eliminado en primera ronda dejando una pálida imagen.

El pasaje en Copa Sudamericana ante Binacional trajo algo de calma, si bien no la suficiente tomando en cuenta el nivel del rival. Luego vendría la serie ante Águilas Doradas, en la que el rojo se impuso, pero jugando un partido de ida poco menos que mediocre, del que salió airoso (tan sólo perdió 3 a 2) dado el también bajo nivel de los rivales de turno. Por esta razón, dicho encuentro volvió a traer malestar, siendo nuevamente el chileno Silva uno de los principales apuntados; pero imponiéndose con autoridad en la vuelta.

Luego de varias reuniones entre dirigentes con el ahora ex DT, y de este mismo con los jugadores y otros entredichos en la semana, dos días más tarde del encuentro con Águilas Doradas y pese a afirmar de forma categórica que no pensaba irse (“Me velaron como 50 veces” fueron sus palabras textuales) la comisión directiva decidió prescindir de los servicios de Ariel.

El hombre que nos devolvió la identidad, el soberbio, San Holan, el caprichoso… Varios apelativos para referirse a una misma persona. Casi tantas o puede que más que las 23 personalidades del personaje de James McAvoy en film que nos da el título de hoy. Lo que sí no puede negarse es que el paso de Ariel Holan por Independiente no pasará desapercibido. Gracias a él, nuevas generaciones (como la de quien les escribe) pudieron volver a ver al Rey de Copas peleando el torneo del que es el máximo ganador en instancias más allá de la fase de grupos. Ver a nuestro equipo inspirándole temor a cualquiera como hacía mucho no inspiraba. Nos permitió probar un poco de aquel Independiente del que tantos nos hablaron y del que tan orgullosos estamos. Y sí, también al final, por cambiar esa forma de juego que enamoraba,nos trajo un hondo pesar. Cosas del fútbol que a veces pasan. Pero eso no quita ni opaca en absoluto todo lo bueno que se hizo en estos dos años y medio. Muchas gracias Ariel, y será hasta siempre…

#LeoHerrera

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