#DePelícula: El pianista

Independiente jugará los octavos de final por primera vez en 23 años. Una larga historia con momentos difíciles que por fin esta teniendo su final feliz.

“¿Tanto tiempo ya pasó?” Se preguntarán seguramente aquellos que tienen algo más de 40 primaveras a cuestas. Aunque no lo parezca, así es. Tal es así que, por caso, uno de lo goleadores de la noche de Avellaneda ante Lara fue un jugador que, al momento de esta última clasificación, tenía apenas un año de vida. Me estoy refiriendo a Martín Benítez.

Por eso hoy elijo volver a Con estilo Rojo, luego de algún tiempo, con este film recibido por la crítica con bombos y platillos. Nominado al Oscar a mejor película (y ganador en rubros como mejor director y actor), ganador de la Palma de Oro en Cannes y de tantas otras distinciones que ponerlas todas implicaría hacer una nota demasiado extensa.

La elección no es solamente debido a esto, sino también porque considero que la historia de estos últimos 23 años puede compararse tranquilamente con la del pobre pianista de la película de Polanski. Poco más de dos horas 20 minutos de sufrir con el protagonista principal, y por último un final que (pese a algunas cosas) podríamos considerarlo como feliz.

La historia del Rojo con su máximo idilio guarda, indudablemente, sus similitudes con esto. Luego de tres décadas (‘60, ‘70 y ‘80) de ganarla aunque sea una vez en cada una de ellas, llegó una donde los resultados no fueron como en las épocas del Rey Mago Zarateño. La década del ‘90 quizás no sea tan mal recordada puesto que allí se consiguieron algunos de los (tantos) hitos de la historia grande del Rojo, como la primera vuelta en el Maracaná o la (hasta hoy) única Recopa del club ganada nada menos que en Japón.  Pero lo cierto es que en el certamen del cual el Rojo es el Rey indiscutido no hubo mayores novedades.

La nueva década traería consigo un período de decadencia institucional que obviamente terminaría afectando al fútbol de la primera. Presidentes nefastos, jugadores y técnicos que no entendían en qué lugar estaban, fueron una constante, y ya el mero hecho de clasificarse a la Copa comenzó a ser algo lejano, cosa de otros tiempos. Hubo un par de clasificaciones, como la del 2004 o la del 2011 pero en ninguna se pasó la fase de grupos y, siendo realistas, ninguno de esos dos planteles estaba verdaderamente en condiciones de llegar mucho más lejos.

Dicen que no hay mal que dure 100 años. En nuestro caso, parece que duró casi un cuarto de ese tiempo. Demasiado para un equipo acostumbrado a ganar. Pero las cosas no suceden porque sí. Sin dudas hay varios intérpretes para destacar, pero estoy convencido que uno de ellos sobresale por encima del resto. Una persona que desde su niñez respiró la esencia de Independiente y supo traerla a los nuevos tiempos. Ariel Holan, el profe, el que no servía porque venía de un deporte tan ajeno al fútbol como es el hockey. El que usa los drones y no la inteligencia, como decía algún periodista de televisión para elogiar a otro gran técnico, al que un mes después criticaba porque los resultados dejaron de ser todo lo bueno que venían siendo (¿panqueque quién?).

No soy muy amigo de dar gracias en las notas, pero si me permite la gente (por lo pronto, esta vez me lo voy a permitir yo también) quisiera darle las gracias a este señor que con un perfil bajo y acosado por las críticas vino para agarrar un Independiente decaído, llevarlo a dar la vuelta al Maracaná, y pasar la primera ronda de la Libertadores. La historia del Independiente místico, copero es algo que para los de nuestra generación (para que sepan, quien les escribe tiene 25 años) fue como un hermoso sueño. Por momentos, casi que una utopía.

Nuestros padres y/o abuelos contándonos de las hazañas de las décadas de gloria, de Bochini, Bertoni, Pavoni, Percudani y su gol a Liverpool y tantos otros que, una vez más, nombrarlos todos haría la nota demasiado extensa (muchísimo más, que duda cabe, que si comienzo a nombrar los premios que ganó El pianista).

Pero haciendo honor a la verdad, mis contemporáneos y yo tan sólo probamos un poquito de todo aquello. Por eso me permito transgredir la regla y darle las gracias a Ariel, por traernos algo más de aquellos tiempos. Nada que se compare a los campeones intercontinentales, al tetracampeón de la Libertadores, al vencedor del nacional ‘77 empatando con 8 hombres, etc.; es cierto. Pero aunque sea una suave brisita de aquella gloria para una generación como la nuestra tan poco acostumbrada a estos avatares y que, sin embargo, jamás dejó creer que esos momentos volverían y de apoyar en las buenas y en las malas.

¿Cuál fue la principal virtud de El profe? Creo que su conocimiento de la historia de Independiente le habrá ayudado. El Orgullo Nacional se caracterizó históricamente por un estilo de juego ofensivo, elaborado, con pelota al piso y dando cátedra de buen fútbol. Pero lo cierto es que si nos fijamos en cada época y cómo los equipos interpretaban esta manera de jugar, encontraremos grandes diferencias: los campeones del ‘38 y ‘39 jugaban con una delantera demoledora, los del sesenta combinaban la defensa sólida con la gambeta y habilidad de sus puntas; mientras que en los ’70 y ’80 la diferencia la hacían los volantes con marca pero también con mucho juego.

Es decir, todos esos equipos supieron reinterpretar la esencia del estilo de Independiente al fútbol que se jugaba en sus respectivas épocas. Por caso, Vicente De la Mata, figura de los primeros años del Rey de Copas, afirmaba sobre el fútbol de los años ‘80 que no le gustaba demasiado porque le parecía muy defensivo. Una opinión que seguramente muchos no compartimos, si bien es cierto que en su tiempo el juego era bastante más ofensivo. Y sin embargo somos muy conscientes que tanto los campeones de 1938 como los de 1984 tenían la esencia del juego ofensivo de Independiente.

Esta fue sin duda la principal virtud de Holan. Aunque a priori jugar con un solo punta definido puede sonar poco ambicioso, este rojo es todo menos eso. Una clásica defensa de cuatro hombres, con laterales que pasan al frente y por momentos son un atacante más. Dos cinco en la mitad del campo de juego, uno con más marca y otro con más distribución; delante de ellos, una línea de tres volantes creativos, pero que por momentos desbordan como wings; y el único punta, un nueve clásico.

Si contamos a uno de los laterales que pasa al ataque, uno de los cinco que se adelanta y a ellos le sumamos a los tres volantes ofensivos y al punta, nos encontramos con un rojo que por momentos ataca con seis hombres (aunque en algunos casos llegan a pasar ambos laterales).

Esta fórmula de juego, que no es para nada tan simple como esta explicación puede hacerla ver, fue la reinterpretación de Holan para traer de vuelta la esencia roja al fútbol de hoy. Y allí es, en mi humilde opinión, donde radica su éxito. Esto, por supuesto, respaldado por un plantel de jugadores que han sabido darse cuenta lo que significa estar en Independiente. Por eso no es de extrañar que varios de los pilares del equipo (Benítez, Franco, Bustos, Figal) sean jugadores formados en la cantera, que crecieron en el fútbol sabiendo qué es Independiente.

Y en este sentido, destacar la conducción actual del club, la cuál muchas veces (y en esto me hago cargo absolutamente) se la criticó por el mal manejo en lo deportivo. Finalmente, luego de no saber muy bien qué hacer con los fracasos deportivos, han sabido encontrar a la persona que resolviera este déficit y la han apoyado como tenía que ser. Ellos merecen, por supuesto, su agradecimiento. Baste sólo recordar que cuando se hicieron cargo del club, el último encuentro jugado por el equipo, justo antes del Mundial, fue en aquella fría y lluviosa tarde de La Plata ante Huracán; mientras que ahora, también antes de comenzar el Mundial, el último encuentro fue en un Libertadores de América lleno y gritando de felicidad por el pase a octavos de la presente Libertadores.

No sé si esta va a ser mi última nota o si habrá algunas más. En cualquier caso, y ya que creo que en algún tiempo no voy a escribir, hoy decidí hablar de todo un poco. Por esa razón la nota se me terminó haciendo más extensa de lo que acostumbro a hacerlas. Lo que sí puedo anticipar es que si mi amado Rojo me regala la octava, voy a estar de nuevo por este sitio (que es mi casa periodística) sin lugar dudas. Así que espero que sea hasta entonces, pero que ese entonces sea dentro de muy poco…

#LeoHerrera

Redactor.

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