#DePelícula: Bastardos sin gloria

Luego de 5 partidos sin conocerla, Independiente retornó a la victoria. Fue como local ante River por 1 a 0 con gol de Vera.

Una vez más utilizamos en esta sección que busca vincular el séptimo arte con el fútbol una película cuya calidad es muchas veces mayor al tipo de partido que se vio en la cancha. Bastardos sin gloria esta sin dudas entre las preferidas del gran director estadounidense Quentin Tarantino. El film se mueve en torno a personajes cuyo proceder es siempre dudoso. Las circunstancias irán haciendo que sus historias se entrecrucen. Típico de los films de Tarantino.

Pero no vamos a aburrir al lector sediento de fútbol con tecnicismos sobre el cine de uno de los directores preferidos de quien les escribe. Hoy solamente tomo el nombre de esta película para retratar de forma explícita cómo veo al plantel rojo. Pese a la alegría que provoca volver a la victoria luego de cinco encuentros, ante un rival siempre complicado, en un clásico; hay un montón de factores que, desgraciadamente, no hacen que esto sea más que una pequeña botellita de agua en un inmenso desierto de incertidumbre.

Para empezar, la victoria fue ante un River plagado de suplentes, juveniles la mayoría de ellos. Un conjunto que Marcelo Gallardo había avisado que pondría de acceder a la final de la Copa Argentina. Por citar un ejemplo, el volante Matías Moya de 18 años jugaba su primer encuentro en la primera división.

En ese contexto, ¿cuál es el mérito de haber ganado? Poco o ninguno. Y no sólo por tener enfrente un River en modo hándicap, sino por el cómo. Una vez más el rojo fue presa del desconcierto, de la falta de ideas, de la persistencia del DT de colocar como titulares a jugadores que están pidiendo a gritos irse por la puerta de atrás, caso Sánchez Miño u Ortíz, justamente silbados cuando abandonaron el campo de juego.

Y en medio de tanta desidia, la misma de la que venimos tristemente acostumbrados desde el arranque del semestre, salvo en una o dos excepciones, una luz de esperanza: el juvenil Fabricio Bustos, demostrando el carácter, sacrificio, temple y ganas que debe tener cualquiera que vista la gloriosa roja. Todavía el fútbol faltó, pero sin embargo mostró interesantes características, y una buena lectura de juego. Más que suficiente para que siga integrando 11 titular.

Gracias a él, en el primer tiempo River tuvo problemas por derecha para contener el avance rojo. Una pena que no estuviese mejor acompañado, sobre todo por el lateral por esa punta, que bien sabemos que quien hoy ocupó esa posición hace ya bastante que pide irse. Tanto él como su suplente.

Más allá de lo que produjo el debutante, Independiente no generó nada más la primera mitad. Algo que mucho no cambió la segunda parte hasta cuando se realizaron las modificaciones: Meza por Denis, Rigoni por Sánchez Miño y la variante más pedida de Barco por Ortíz. Aunque poco pudieron entrar en juego los que ingresaron, siquiera su empuje sirvió para que, luego de intentar una incontable cantidad de centros al área, uno de ellos (a los 26 minutos) fuera impulsado a la red por Diego Vera. Colaboración mediante, vale aclarar, del defensor riverplatense Luis Olivera que cabeceó hacia atrás permitiendo la entrada en soledad del delantero uruguayo.

Nada más que decir del encuentro. River buscó sin demasiado éxito los últimos minutos e Independiente tuvo la chance con contras que, de haber sido bien manejadas, habrían sido muy peligrosas. El gol fue lo único interesante en este encuentro pésimamente jugado por ambos, pero que debería dejar más preocupado a Milito tomando en cuenta que el visitante hoy dio mucha ventaja colocando juveniles, y no se fue ampliamente superior como se esperaría en un cotejo ante jugadores con no más de diez encuentros en primera.

Esta victoria sólo sirve para devolverle algo al hincha de lo mucho que se le negó durante todo el año. Pero el problema es y, de no tomarse las medidas necesarias, seguirá siendo el mismo: nuestro equipo está integrado por un grupo de bastardos sin gloria alguna. Por jugadores que no comprenden en donde están, que les da lo mismo ganar que perder. A nosotros no nos da lo mismo. Y no crean que salvan el año o el semestre con esta victoria en un clásico, porque este año hace rato ya es oficialmente un rotundo fracaso. Siquiera esta vez tuvieron algo de vergüenza deportiva, y no festejaron como en aquella bochornosa jornada en Temperley ante el local.

Bienvenida sea una victoria, pero insisto: que árbol no nos tape el bosque. A fin de año, pronta depuración de este plantel de bastardos sin gloria.

#LeoHerrera

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