¿Qué nos está pasando?

Un pequeño análisis del presente del rojo, el porqué se juega como se juega, responsables y puntos a destacar.

Quien pudiera dar una respuesta sensata al título que da nombre a esta nota. Este año 2016 no ha traído sino disgustos para el hincha rojo. Un malestar no se va con el cambio de año, pero si es que algo de cierto hay en esta superstición, que bueno sería que termine de una vez por todas. No puedo decir que el 2017 vaya a ser mejor, pero renovar las esperanzas últimamente parece sernos mucho más cómodo que vivir en la certeza del fracaso.

Pocos encuentros quedan por disputarse en lo que resta de este fatídico, olvidable y deplorable 2016. Y la verdad es mejor así, porque honestamente veo pocas razones para ser optimista. La idea de hacer esta nota me vino mirando el encuentro en el que Patronato venció a River por 2 a 1, y de la inusitada envidia que sentí viendo a esos jugadores de negro y rojo.

Al igual que nuestro querido rojo, el patrón es un equipo que aún no encuentra su juego. De hecho, esta es su primera victoria en el campeonato. En seis fechas, el conjunto de Paraná cosechó cuatro puntos, producto de la mencionada victoria, y de un empate ante San Lorenzo. Tiene cuatro goles a favor y ocho en contra. Sumar de a tres le ha permitido salir de la zona de descenso, que ocupó durante la primeras cinco jornadas.

Se me preguntará: ¿cómo sentir envidia de un conjunto que tiene siete puntos menos, que pelea la tabla de abajo y que, al igual que el rojo, aún no encuentra su mejor juego?

Cualquiera que haya visto el encuentro se dará cuenta de lo que hablo: el patrón supo reponerse de un 1 a 0 en contra, de fallos arbitrales muchas veces desfavorables; y lo hizo ante un rival superior en nombres y juego ¿De qué manera? Con ganas, con esfuerzo, con hidalguía. Sin demasiadas ideas, en verdad, pero dejando la vida en cada pelota. Daba gusto ver a esos jugadores, insisto, no por su juego, sino por la entrega.

¿Cuánto hace que el hincha rojo no puede decir lo mismo de sus jugadores, salvo por algún caso aislado como el de Tagliafico o Vera? Qué triste es darse cuenta de que a veces con un poco de esfuerzo y coraje se puede salir delante de un encuentro adverso, y tener que descartar esa vía porque tu equipo juega con total desgano. Con azar se podrá ganar uno, quizás dos encuentros (como contra Belgrano la primera fecha, que de haber estado parado correctamente Olave en el único gol del partido, el cotejo habría finalizado igualado en 0), pero no mucho más.

El malestar deportivo de un equipo viene dado por tres instancias, cada una de las cuales tiene un poco o toda la culpa del presente: los dirigentes, el cuerpo técnico y los jugadores.

Antes de analizar a cada uno, una pequeña aclaración, porque se suele ningunear a aquellos a quienes buscan culpables de una situación como si todo mal momento dependiese sólo de la suerte. Hablando de fútbol, claramente la suerte puede ser un factor que determine una derrota, así como también un fallo arbitral grosero que incline la balanza. Lo cierto es que dudo que sea el caso del rojo, que hace bastante viene jugando muy mal. Y eso, y discúlpeseme si soy repetitivo, tiene que tener un porqué. No todo en el fútbol es buena o mala suerte. Cada quien saque sus conclusiones sobre quién es más o menos responsable.

Comencemos por los dirigentes, el más controversial de los casos. Por un lado vemos a un club que mejora en muchas áreas deportivas, así como también en la parte edilicia de varios predios incluidos la sede y el estadio. La economía parece dar muestras de estar en un mejor estado de salud, y todo de a poco parece irse encaminando hacia un promisorio futuro institucional. Ahora bien, esto no implica necesariamente que la parte deportiva haya sido exitosa. Todo lo contrario. Es verdad que el club viene de años de pésimas gestiones con no pocos fracasos deportivos, pero lo cierto es que el dinero invertido hasta ahora en jugadores que supone jerarquizarían el equipo no se han correspondido con campañas dignas. El peor error de la dirigencia en este presente paupérrimo esta en el pasado mercado de pases, maquillado un poco por la llegada de Meza (una promesa, hasta el momento) pero con muchas partidas y llegadas de jugadores que ya están pidiendo a gritos irse por la puerta de atrás. Si bien es cierto que en la elección de los mismos, que fueron Damián Martínez y Sánchez Miño, tuvo que ver Gaby Milito quien los solicitó; también hay que decir que los dirigentes se vieron muy soporíferos a la hora de iniciar negociaciones y eso provocó que el plantel de hoy no tenga variantes y, algunas posiciones, ni siquiera un jugador natural del puesto.

En segunda instancia, el cuerpo técnico. Gaby Milito llegó con una idea de juego que todos creímos iba por fin a ser del paladar rojo, el más exigente de todos. Sobre todo viniendo de un hombre que conoce como pocos la institución y sabe del gusto del hincha. Uno quisiera creer que lo visto el pasado sábado ante los tucumanos lejos esta de ese ideal. Más bien parecían un grupito de amigos que se juntaron para hacer un picadito. “Fulbito”, a la orden del día. Lástima que esto es “fútbol”.

Como ex jugador, socio, fanático pero, por sobre todo como hincha es indudable que el Mariscal es el primero que quiere revertir esto.

Es una pena que no da muestras de ello: de partido a partido, solamente repite nombres y esquemas con los mismos resultados desastrosos. Hay posiciones en el cancha que no terminan de entenderse, caso Ortíz, Cebolla Rodríguez, Rigoni o Meza. El equipo siempre se ve sorprendido por el juego del rival. Tomo por caso el último encuentro que me parece bastante ilustrativo, ¿no sabían que la generación de juego de los tucumanos parte siempre del “pulga” Rodríguez? Esto no es reciente, no hace seis partidos que el jugador es el distinto en el decano. Salvo entre 2010/11 que jugó en Newell’s, siempre se desempeñó en Atlético Tucumán jugando tal y como jugó el día sábado, ¿no se dieron cuenta que la prioridad debería haber sido no dejarlo jugar para que la pelota no le llegue a los puntas? Parece que de eso se dieron cuenta durante el juego ¿Dónde está el estudio del rival en la semana entonces? Y otra cosa, ¿qué se ensaya en la semana? ¿Pelota parada? ¿Jugadas preparadas? ¿Remates de media o larga distancia? Porque todo lo que se intentó pareció más propio de la improvisación que de trabajo concreto. Hasta tanto no se vean cambios (sobre de este esquema que ya demostró su ineficacia) la suposición será que Gaby está poniendo su idea por encima del bienestar de Independiente.

Por último, los jugadores. Qué decir de ellos que ya no lo haya advertido el hincha. Muchos no se entiende qué hacen vistiendo esta camiseta. Toledo es quizás el caso más significativo. Y no solamente por la roja del otro día, conviene recordar que la única razón de que siga siendo el titular es que Damián Martínez juega a un nivel más propio de equipo de tercera división que de la primera del rojo. Otros que están bajos son Cristian Rodríguez y Ortíz, los cuáles quizás no tengan del todo la responsabilidad porque da la sensación de que ni ellos saben en qué posición juegan, pero tampoco se les ve poca rebeldía e ímpetu por cambiar la situación. Del Marciano no parece que pueda esperarse mucho más de lo que ha demostrado. Desde que llegó a Independiente ha sido muy irregular, con picos altos y bajos. Lo del Cebolla, en cambio, es más bien la falta de convencimiento. Primero era la puesta a punto en lo físico, luego fueron las vuelta de las lesiones, ¿cuál es la excusa ahora para que no rinda? Hay que resaltar que, salvo Godín y Suárez que juegan igual en sus respectivos equipos, todos los uruguayos suelen desempeñarse mejor en su selección. Esto quizás puede extrañar porque no es lo que se ve en la selección argentina, pero es así. De todos modos creo que el caso de Rodríguez es el más significativo: de ser determinante para Uruguay a ser totalmente intrascendente en Independiente hay un mundo de diferencia que no se ve en sus compañeros de seleccionado. Parte de la culpa puede que la tenga el esquema, que lo obliga a jugar en donde no se siente cómodo, pero lo cierto es que no se lo ve con ganas y rebeldía por torcer la situación. Finalmente, los rendimientos desastrosos de Rigoni y Meza obedecen más a la posición a la que se tienen que adaptar sin ser naturales, aunque también molesta, como pasa con el Cebolla, su falta de carácter para rebelarse ante esto. Del resto, en general bien, salvo algún que otro encuentro aislado en el que hayan estado bajos, casi siempre son una garantía.

Cada quien sacará las conclusiones que mejor le cierren. Aunque en algo debemos coincidir todos: esto así no puede seguir.

Foto: www.diario33.com

#LeoHerrera

Avatar

Redactor.

Notas relacionadas

Deja tu comentario