La Generación Perdida

El escudo apagado olvidado

Se acabó el 2016 y al igual que sucede en los últimos 6 años, pasará otro año con pena y sin gloria para Independiente que se vio eliminado en Copa Sudamericana por el ignoto Chapecoense y en Copa Argentina por Defensa y Justicia.

El partido en Brasil es una historia conocida, repetida y agotadora para los hinchas. Un equipo que está para más pero en las bravas se manca. Un rival que no tiene nada, pero igual nos elimina.

Los técnicos, los jugadores, los dirigentes, pasan todos. Más rápido, más despacio pero todos en definitiva pasan dejando poco en la memoria de los hinchas. Lo único constante en este momento de nuestra historia son los fracasos y las decepciones.

En el duelo copero, Independiente contó con toda la fortuna que hace años reclamamos no tener, tres tiros en los palos, dos goles perdidos abajo del arco, uno de ellos con pique en la línea incluso, tres penales atajados por nuestro arquero, y aún así Independiente logró quebrar a su propia suerte para verse fuera de todo.

Pocos puntos altos, mucho piberío que pensó que por una o dos tapas en Olé ya era ídolo del club. Algunos jugadores que parecen no haber entendido que no juegan más en aquellos clubes de La Plata o Córdoba. Un dt que no logró inculcar su propia pasión en futbolistas que no supieron superar a un débil rival.

Ganar un clásico, meter un gol, tener tu notita en el diario, en la radio, en la tele…todo eso pasa. En Independiente ganar algo, un torneo, una copa, queda para siempre…Ninguno lo supo entender.

Los últimos años conformamos equipos cuyo objetivo parece estar puesto en nuestro propio arco, con presión alta, juego asociado o sin ello. Perdimos la verticalidad, perdimos el hambre de convertir, de golear siendo posible a nuestros rivales. Ahora somos los dueños de la posesión intrascendente, de los pases laterales, de los compromisos para los arqueros.

Y superar, es superar, no es tener la pelota. Ser superiores es meterlos en un arco y no dejarlos salir. Es tener la convicción de que lo importante pasa en el otro arco, no en el nuestro, es más, si nuestro arquero no tocaba una pelota en todo el partido sería un buen partido, no hace falta que le pateen nuestros delanteros desde mitad de cancha. Jugando en el Rey De Copas en una competición internacional no se admite ver tibios, timoratos o displicentes.

Ni tampoco dt´s caprichosos, ni dirigentes soberbios, porque acá todos “mueren con la suya”, pero ninguno muere, simplemente nos matan una vez más a todos los que somos Independiente y después ellos se van. El club está por delante de todo y todos. Pero hace décadas que son varios los encargados de dejar al club hundido, herido y detrás de todo.

Con Almirón esto exigía la cabeza suya, con Pellegrino también, ahora con Milito varios opinan que cual fusible debería saltar e irse. Pero realmente, ¿hay algún hincha de Independiente que no se haya dado cuenta que el problema es más grande?.

Los sub 30 somos la generación perdida, la generación “Racing” por así decirlo. Contamos pálidas, nos sostenemos por ilusiones, rezamos por algún hecho fortuito, pero casi no lo pudimos festejar a nuestro gran amor. Hablamos con orgullo del pasado, nos peleamos convencidos de que nos espera un futuro promisorio, como sea queremos que se termine este presente que vivimos a puro palo y mierda.

Nosotros mejor que nadie podemos decir que acá el problema es otro, no sabemos bien cuál es, no sabemos ya que probar, pero el problema en Independiente es sentir que hay algo que se perdió. No sabemos bien cuando, no sabemos bien qué es, pero lo más grave es que no sabemos cómo recuperarlo. Y nos pasa siempre lo mismo, lo lloramos, lo puteamos, nos enojamos o entristecemos pero aceptamos que no tuvimos suerte, que esto es lo que nos tocó y otra vez nos volvemos a ilusionar soñando en que todo va a cambiar, en que vamos a ser lo que fuimos.

El Rojo en las últimas 3 décadas se fue degradando, con cada técnico, con cada dirigente, con cada futbolista. Se perdió la idiosincrasia del club, los valores, los ídolos, ese fuego sagrado de querer ganar lo que se pusiera adelante, de no dejarse humillar por nadie, de vender cara la derrota.

Este equipo en Brasil, como el año anterior en Colombia, como antes en La Boca, como en el ascenso, como en el descenso. Tiene y no tiene, tiene más que otros pero no tiene ese no sé qué que se requiere en Independiente para hacer pata ancha. Nos elimino Chapecoense, a nosotros, a los mismos que dimos la vuelta en el Maracaná.

Van pasando los años y probamos todas las maneras, no sabemos cómo arreglar esto. Es muchos más profundos que un entrenador, quien también es responsable, estamos en ruta de ser un club enorme pero hoy ya sin alma, sin fuego, sin amor propio. Somos la generación perdida de Independiente.

Por delante tenemos varios meses hasta que termine el torneo, ningún otro objetivo podremos trazarnos. El amor de Milito por el club es indiscutible y él mejor que nadie deberá entender que no podemos seguir en este camino porque en solo 10 partidos ya este semestre es un fracaso y un fracaso demasiado doloroso por la continuidad de años sin alegrías.

Independiente duele, duele como si nos apuñalaran cada año con cada derrota o con cada nueva frustración. Necesitamos formatearnos, necesitamos reconstruir esta máquina que aún no se recupera de lo hecha mierda que la dejaron. Ya no sé encontrar los motivos y me cansé de culpar a todos, la realidad hoy me marca esto, que la nuestra es la generación perdida…y no quiero ver más de esta manera a mi Independiente.

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Juan Manuel Di Iorio

Juan Manuel Di Iorio

Periodista Deportivo - Ex redactor en @DiarioOle y en Vavel argentina. De paladar negro, porque exigir volver a ser lo que fuimos es saber lo que quiero que seamos

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