Back to the Independiente |Parte 3

Tercera y última parte de esta saga de ciencia ficción y fútbol. Nuestros héroes han viajado a 1907 para evitar que Independiente desaparezca de los anales de la historia, luego de que un hincha de Racing hubiese vuelto en el tiempo para borrar el hecho que inició la mística del Rey de Copas. Para lograrlo, deberán convencer al joven equipo rojo de jugar el clásico de Avellaneda, cosa complicada teniendo en cuenta que fueron estos mismos quienes en un principio no querían disputarlo, ¿podrán convencerlos?

 

9 de junio de 1907. Apenas tres años después de la primera fundación roja. Una Buenos Aires bastante similar a aquella de 1904 que dejaron atrás. Los jóvenes fundadores del Independiente Football Club se encontraban algo más organizados: tenían su comisión directiva, ya se había decidido cómo sería la indumentaria (pantalón corto color azul, camisa blanca y detalles también en azul) y ya formaban parte de una liga.

-Tenemos que ir a la cancha ahí deben estar los chicos-dijo el doctor.

-Vamos ahí-dijo Martín-y lo agarramos a trompadas a ese hincha de Racing hijo de…

-No-interrumpió el doc-debemos dejarlo que haga su plan. Que piense que lo logró para que en 2015 usemos su unidad de la máquina del tiempo para saber a qué punto de 1907 había viajado. Si lo detenemos, puede que nunca lleguemos a tener la fecha exacta, y nada nos asegura que agarrándolo a trompadas cambiemos la línea temporal alterna.

-Está bien, entonces decime que hacemos.

-Vamos a la cancha, ¿a dónde más?

-Supongo que todavía no está Alsina y Bochini.

-Y suponés bien, porque para esa calle se llame “Bochini” primero el Bocha se tendría que convertir en ídolo. Y a la fecha, faltan 47 años para que nazca.

-¿Y la cancha está en…?-Martín una vez más adivinó la expresión en el rostro de su compañero-No, no empecés con eso.

-Y cómo querés que no diga nada, si es verdad.

-No, no es que yo no sepa la historia de mi club: es que vos sabes hasta donde guardaba los botines Grillo y Cruz en los 50.

-Está bien, no perdamos más tiempo y vamos a  Manuel Ocantos 540.

-¿Y eso dónde queda?

-Cerca del arroyo Maciel.

Hacia allí fueron los dos hinchas rojos, con la misión de convencer a los muchachos del novel team de jugar el primer clásico de la historia. El terreno de juego fue uno de los tantos por los que se paseó el Independiente FC, que igual se mudaría un par de veces más antes de recaer en el “pantano de Ohaco” en las calles Alsina y Cordero (hoy Bochini), para construir el primer estadio de cemento en toda Latinoamérica.

Al llegar al lugar, pudieron ver al odioso racinguista hablando con los jugadores de su club. Seguramente ya les habría convencido de lo razonable que era no jugar el encuentro, aceptando así la propuesta del rival. Apenas terminó de hablar con ellos, se fue hasta un lugar algo más apartado y retornó a 2015. El doc Passini debió detener a Martín durante un buen rato, puesto que este no pensaba más que en molerlo a golpes. Pero el plan debía cumplirse al pie de la letra, no podían fallar. Por eso (y porque también el doctor consoló a su amigo recordándole el botellazo con que lo había derribado) fue que Martín se pudo contener.

Con el racinguista fuera de escena, los dos viajeros se fueron con su equipo. Estos los reconocieron en seguida y los invitaron a tomar la decisión final. Un grupo de ellos (la mayoría) se inclinaba por darle la victoria a la Academia, mientras que una minoría prefería hacer el intento. Sea como fuere, no sería difícil para los primeros convencer a los segundos puesto que la moral era bajísima y los rivales ya manifestaron su intención de aceptar la retirada roja. No contaban, no obstante, con la aparición de los viajeros.

-No puede ser que le tengan miedo a estos muertos-dijo Martín.

-Son la delantera más goleadora-respondió Antonio Bazzara el arquero-yo no quiero que me hagan 21 goles como nos hizo Atlanta.

-Recuerdo que el día que fundamos el club se mencionó el unirnos a Atlanta-dijo Degiorgi-¿y si nos vamos con ellos en vez de irnos con los de Racing, ya que ustedes dicen que son tan desgraciados?

-Si hacés eso, Rosendo, yo te ahogo en el arroyo Maciel-respondió Martín-pero déjense de embromar, no pueden tenerle miedo a estos mugrientos. Quién te ha visto y quién te ve. Nosotros somos los que estamos asustados, cuando durante 100 años fue al revés.

-Perdonanos, es que no sé si podemos-respondió Rosendo confundido, al igual que todo el equipo, sobre lo que Martín querría decir con aquello de “100 años”-Para más, aparte de los tres o cuatro muchachitos que vinieron a apoyarnos, toda la demás hinchada es de ellos.

-Nosotros dos vamos a estar en la hinchada-replicó Martín-si es por eso no se preocupen, que con seis que seamos nos vamos a hacer escuchar más que todos estos conchetos.

-¿Estos con-qué…?-preguntó Bazzara.

-Ricachones, cajetillas-respondió el doctor.

La discusión seguía. En soledad Martín trataba de convencer al grupo que ahora sí estaba en su totalidad convencido de que el encuentro no debía disputarse. El doc no decía nada, algo que exasperaba a su amigo. Lo que sucedía es que se encontraba pensando, sabía que debía decirles algo, una palabra, una frase que todo hincha del rojo pudiese entender y que los haga salir a jugar. Ahora bien: ¿qué se le dice a un hincha de Independiente para que salga hecho un león? Y sí, el doc pensó bien, otra cosa no podía ser.

-Increíble que sea hincha de un club con jugadores que tienen miedo-dijo Martín irritadísimo.

-No se enoje, ¿qué quiere que hagamos?-respondió Rosendo.

-Que salgan a jugar, eso quiero…

-¿Ya terminaron?-preguntó el doc, todos lo miraron con curiosidad-Si es así, entonces escúchenme.

Todos se acercaron. La convicción y fuerza con que hablaba Passini sorprendían hasta a su propio amigo.

-Esto es Independiente-dijo- acá no se abandona. Ahora vayan, sean hombres. Jueguen y ganen.

No sabían cómo explicarlo. No necesitaron que les digan más nada. Esas palabras, esa frase. Independiente se había fundado hacía poco menos de tres años, ¿cómo sentir algo tan profundo por una institución que todavía tenía tanto por construir? Pero lo sintieron, cual proféticos vaticinios de todo lo que estaba por venir. Una inyección de orgullo, de ganas, de garra. Una inyección de Independiente.

No hizo falta mediar más palabra. Los muchachos salieron al campo de juego. Los rivales intentaron persuadirlos una vez de que no jugasen y se vinieran con ellos. La respuesta fue simple: si no juegan, la vitoria sería para Independiente. Así que los jugadores se aprontaron para disputar  el encuentro.

En la tribuna Martín ya festejaba por anticipado:

-Me acuerdo de que este partido lo ganábamos 3 a 2. Ya podemos empezar a disfrutar.

La cara que puso su amigo le confundió. Al principio pensó que iba a empezar con su tradicional “no conocés la historia de tu club”, pero el gesto era distinto de cuando decía esa frase. Era más de preocupación.

-¿Qué pasa, este partido no lo ganábamos?-preguntó Martín.

-No, no es eso-respondió el doctor-Según la historia oficial, Independiente gana 3 a 2. Pero como nosotros tuvimos que irrumpir en esta línea temporal a causa del plan del hincha de Racing, la historia cambió. Ya no va a ser igual. Por ende, el partido puede tranquilamente terminar en derrota.

Martín lo pensó unos instantes. La situación obviamente lo afectó, ¿qué pasaría si el rojo no ganaba? ¿Desaparecería por siempre? ¿Existiría pero sin llegar a ser nunca el Rey de Copas? Su corazón comenzó a latir con fuerza. Tomó a su amigo del hombro, lo zarandeó un poco y comenzó:

-Desde el día en que nací, yo me hice hincha de Independiente. Siempre te voy a alentar, esta es tu hinchada la que va al frente…

El doctor pronto se sumó al coro. Propios y extraños los miraban sorprendidos ante semejante espectáculo. Es que hasta que las hinchadas tomaran el color, los cánticos y la alegría con que los viajeros del tiempo ahora vivían el partido, debería pasar mucho tiempo. Las reacciones, igualmente, fueron distintas. Mientras los chicos del rojo aplaudían a los desaforados cantores, los aristocráticos hinchas de la academia se escandalizaban. Entre los hombre usaban términos como: incivilizados, bárbaros, incultos, chusma ignorante. Y entre las damas se cubrían los labios con los dedos de la mano, se tapaban el rostro con los abanicos, o se llevaban la muñeca a la frente. Eso en medio de gestos de reprobaciones escandalizadas en general. Lo cual no hizo declinar en lo más mínimo la fiestera actitud de los dos hinchas rojos.

El encuentro comenzó, y para la sorpresa del aristocrático club académico, era Independiente quien dominaba las acciones. Tanto es así que prontamente se puso en ventaja con gol de Tagliaferro, y posteriormente se pondría 2 a 0 de la mano de Alberto Arregui. Si los cánticos ya de por sí escandalizaron la parcialidad rosiceleste, cuanto más los gritos de los goles. Los viajeros temporales se hicieron oír en varios metros a la redonda, señalaban a los simpatizantes contrincantes dedicándoles las anotaciones, les mostraban la camiseta (justo las dos que sobraron de las 13 que habían traído los jugadores) y los chicaneaban.

En la segunda parte todo pareció irse al diablo. Después de ser duramente reprendidos en el vestuario, los racinguistas salieron con más ímpetu y pusieron el 2 a 2. En el primer tanto, los simpatizantes académicos sólo aplaudieron (la forma más común de celebrar el gol entonces). Pero ante las constantes burlas, el segundo lo gritaron igual que como de los dos hinchas rojos habían gritado los de Independiente.

El encuentro se moría. Quedaban unos minutos y la igualdad ya parecía un hecho. Igualmente, el doc y Martín seguían alentando y creyendo. Hoy había que ganar. Cuando Degiorgi les pasó cerca, ellos le dijeron:

-Rosendo, hacete cargo, que con vos lo ganamos.

Allí se gestó todo. Un instante que redefiniría 111 años de gloria. Ese mismo instante en que nace la mística, la tradición ganadora del rojo. El día en que el soberano de América nacía para ocupar un trono que a la fecha no ha abandonado. Pomarini la agarró en mitad de cancha y esquivó cada cosa que tuvo delante: mediocampistas, defensores… Sólo le faltó esquivar a la hinchada. Rosendo venía por el otro lado. Tocala, Poma, tocala. El pase corto fue en dirección al fundador. Este dominó, se dio vuelta y sacó un potentísimo disparo. 3 a 2 y la victoria, 3 a 2 y la alegría, 3 a 2 y el final.

Se acabó el encuentro y los dos hinchas, a los que apenas les quedaba un hilo de voz por tanto gritar ese tercer tanto comenzaron el clásico canto de la victoria ante Racing:

-Vamos, vamos Independiente. Vamos, vamos a ganar. Que nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán.

Los simpatizantes académicos estaban enloquecidos de rabia. Insultaban a sus jugadores, les reprochaban la derrota. Esto hizo que muchos de ellos pidieran luego del encuentro pasarse al otro equipo, en el que reinaba el compañerismo, el aliento y las ganas.

El doc y Martín festejaron con los muchachos. Se despidieron felicitándolos. Independiente se había convertido en Independiente. Antes de irse, un joven se les acercó y le dijo al doctor:

-Señor, sus palabras me llegaron bien adentro. Nunca las voy a olvidar.

-Esto es Independiente-respondió el doctor-así somos. Tendrías que hacerte socio.

-Lo que pasa es que mi familia se muda a Rosario, por eso no puedo. Sino, sin dudas me haría socio de este team.

El doctor pensó unos instantes y preguntó:

-¿Cuál es tu apellido?

-Pastoriza, señor.

Ante la sorpresa del muchacho, Martín y el doctor sonrieron. Este último le dijo:

-Si te gusta este equipo, entonces lo mejor que podés hacer es nunca olvidarte de mis palabras. Y enseñársela a tus hijos. Solo un verdadero hincha de Independiente las va a saber entender.

-Así voy a hacer, señor. Gracias.

El joven se fue. Inconscientemente habían creado un nuevo ídolo. La verdad es que todo había salido mejor que bien. Y saldría mejor cuando 35 años después de ese 1907 naciera el hijo de ese muchachito.

A la vuelta, los viajeros verificaron que todo estuviese bien. Las banderas habían vuelto a ser rojas, el carnet de Martín Gurruchaga era de socio de Independiente. La misión, al parecer, estaba cumplida. De todos modos eso lo sabrían con absoluta certeza en cuanto viesen el libro del doctor que contenía toda la historia roja.

-Todo perfecto en el libro-dijo el doctor luego de revisarlo-solo un pequeño cambio.

-¿Qué?-preguntó Martín asustado después de tantas emociones-¿Y ahora qué pasó, Bochini no jugó 19 años en el rojo, la delantera del ‘50 no fue entera a la selección? ¿Qué más pudo haber pasado?

-No te preocupés, no es nada de eso. Es esto únicamente, mirá.

El doctor le dejó el libro a su amigo señalándole una pequeñísima nota, la cual era todo el cambio que tenía. Se trataba de una entrevista a Rosendo Degiorgi en la que hablaba de los “fundadores sin nombre”. En ella, el ídolo rojo hablaba de dos personas que aparecieron en 1904 y tres años después en 1907 y los convencieron de fundar el club y jugar el primer clásico. Respecto a ellos, Degiorgi decía: “Eran rarísimos, al principio pensé que serían extranjeros por la forma de vestirse. Pero con el acento me di cuenta de que no. Tenían un aparato que sacaba fotos, a las que ellos le daban otro nombre, algo así como ‘solfi’ o ‘selfie’. Les preguntamos si era una cámara, y nos dijeron que en realidad era un ‘celular’, es decir, un teléfono sin cable. Honestamente pensé que nos estaban cargando, pero ellos lo decían muy en serio. Y aún más me llamó la atención cuando nos dijeron que no hacía falta revelar las imágenes, sino que se guardaban en una memoria”. Los dos viajeros sonrieron ante las palabras del fundador, que además agregó sobre ellos: “cuando vinieron a ver el match cantaban tanto que no tenías más opción que ir al frente para no defraudarlos. Les gritaban cosas a los rivales, pero en vez de decirles ‘maletas’ o ‘pataduras’, les decían ‘mufas’ o ‘pecho frío’. Sea como fuere, nos convencieron de hacer todo esto que hoy es el rojo. No sabíamos cómo se llamaban y por eso los homenajeamos llamándolos ‘los fundadores sin nombre’. Donde sea que estén ahora, porque no los vimos nunca más, que sepan que Independiente les estará eternamente agradecido”.

-De nada, Rosendo-dijo el doctor.

-Hay algo que todavía no entiendo-dijo Martín-vos dijiste que como habíamos cambiado la historia el partido podía no terminar de la misma manera. Y no fue así, terminó 3 a 2.

-Y con los mismos goleadores, todo exactamente igual a como las crónicas lo narran.

-¿Cómo es eso posible?

-Hay algo que no tuve en cuenta: es un Independiente Racing -Martín comenzó a sonreír adivinando lo que su amigo estaba por decir-no importa lo que hagamos: la historia es siempre la misma.

#LeoHerrera

Avatar

Redactor.

Notas relacionadas

Deja tu comentario