#DePelícula | Nada que perder

Independiente quedó eliminado de la copa Argentina a manos de Lanús por 2 a 0 con los goles de Martínez y Castellani en el Estadio Ciudad de La Plata.

Por Leo Herrera

Así se jugó el encuentro. La entera displicencia del equipo, las ganas de algunos jugadores pero la enorme falta de fútbol, y las intenciones de un técnico que lejos parecían estar de buscar conseguir el pasaje a cuartos de final de la Copa Argentina, justifican que el nombre de esta nota sea el de film de comedia del año 1997 dirigido por Steve Oedekerk. Realmente hoy se jugó como si no hubiese habido “Nada que perder”.

El primer tiempo fue tan aburrido, intrascendente y mal jugado que en vez de 45 parecieron 140 minutos. De un lado y del otro, fieles a un estilo de juego que se caracteriza por brindar espectáculos de esta índole, ambos conjuntos pegaron y rebolearon la pelota mucho más de lo que se dedicaron a jugar.

Independiente tenía más la pelota, aunque si saber qué hacer con ella es mejor ni tenerla, porque cuando no se la tiene los errores son menos frecuentes. Rememorando aquellas nefastas épocas en que Jorge Almirón ocupaba el banco rojo, el equipo intentaba salir jugando a cualquier precio, dando mucho más toques de los necesario para poder lograrlo (si bien en más de una oportunidad se terminó por dividir el esférico ante la imposibilidad de salir con la presión del granate bien arriba). Este fue el motivo por el cual se tuvo más la pelota, pero lo cierto es que esta pasaba poco por lo volantes y mucho menos por los delanteros que, estoicamente, intentaban infiltrarse dentro de una auténtica muralla defensiva conformada por no menos de cinco hombres granates en cada avance.

Lo mejor del rojo vino de la mano de Vitale, aportando marca en el medio que impidió que las leves arremetidas de los conducidos por Barros Schelotto no pasaran a mayores. Salvo él, el resto del equipo estaba completamente dormido. Las ganas de Vera y Méndez no alcanzaban, Albertengo perdido como le viene sucediendo hace bastantes partidos, Benítez apareció solo una vez con un remate fácilmente contenido por Ibáñez.

Y cuando parecía que la completa inercia parecía terminar de engullir una olvidable primera mitad, apareció a los 29 el gol de Lanús por intermedio de Román Martínez, aprovechando los errores de un fondo rojo que marcó como si fuesen jugadores de metegol ¿Merecimientos? Futbolísticamente hablando, no. Porque si Independiente no había hecho absolutamente por marcar, el granate había hecho mucho menos.

Ahora bien, el argumento en sí puede encontrarse por fuera del plano futbolístico: el gol vino por la idiotez de los jugadores, que con tan sólo haber hecho una marca decente se hubiera ido al descanso con el 0 a 0. Y por si fuera poco, los últimos minutos en lugar de ir a buscar bien arriba, el equipo continuó en su tesitura de total aletargamiento. Lo mejor que pudo suceder, a decir verdad, es que el bodrio inicial (que para más era desfavorable al rojo) terminara.

Para la segunda mitad, Pellegrino decidió reemplazar a Méndez por Pisano, buscando generar el juego que jamás apareció durante la primera parte. Matías sin dudas aportó ganas, pero eso sobraba. Lo que hacía falta era fútbol. Y ni él ni nadie lo generaron. Para más a poco de comenzada la segunda mitad Castellani, terminando una gran jugada, colocó el 2 a 0 que sentenció el encuentro si es que ya el 1 a 0 no lo había hecho.

Entonces, el DT por fin se acordó que en el fútbol existe una faceta del juego que era la que podía servir para situaciones como esta: el ataque. Intentando familiarizarse con ese concepto (seguramente desconocido para él), sacó a Albertengo y puso a Aquino. Delantero por volante creativo. Cerca, cerca. No todavía ofensivo, pero ya se estaba acercando. Con el resultado a su favor, y con Independiente sin generar nada Lanús se acomodó. El rojo intentó descontar mediante los recursos habituales cuando el juego no se presenta: centros, remates o bien alguna jugada individual.

Benítez comenzó a animarse un poco más a gambetear, pero mucho no pudo aportar ante un rival que se defendió muy bien. El último cambio reflejó que por fin Longaniza entendió el concepto del ataque: sacó a Ortiz y puso a Lucero. Lástima que tardó tanto en hacerlo.

No quedó tiempo para mucho. El granate se llevó una victoria que terminó por ser justa ante la actitud de un equipo que, aparentemente, no tenía nada que perder. Figuras no hubo. Vitale se desdibujó bastante el segundo tiempo, tirando por la borda lo bueno que hizo la primera parte. Pero sin dudas el hincha deber rescatar la vergüenza deportiva de jugadores como Vera, que nunca bajó los brazos. De todas formas, como antes se señaló, con ganas solamente no alcanza. Al ímpetu hay que ayudarlo. Porque aunque hoy se jugó como si no hubiese habido “Nada que perder”, lo cierto es que siempre hay algo perder. Como por ejemplo, la paciencia del hincha ante un juego que no lo representa.

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