#DePelícula | Los colimbas al ataque

El rojo en su visita a San Martín de San Juan empató 1 a 1 por la fecha 21 del torneo de primera división. Los goles fueron convertidos por Ledesma (-p-) para los sanjuaninos y Victorino para el rojo.

 Por Leo Herrera

Un momento nostálgico, el recuerdo de una sonrisa ochentosa para quienes vivieron en esa década. Pero a la vez una similitud que no admite dudas. Alberto Olmedo y Jorge Porcel, por películas como esta, han entrado de lleno en el ideario de la cultura argentina, y por eso es que muchos al recordar este film del año 1987 no podrán evitar evocar un agradable recuerdo. Aunque si del rojo hablamos, en esta oportunidad lejos estamos de hablar de algo agradable que recordar. Más bien es un partido para olvidar.

En fin, la película trata de dos reclutas (Olmedo y Porcel), que en la anterior entrega de la saga habían llegado a las apuradas a cumplir la colimba, y de como estos deben sobrevivir al servicio militar, no sin cometer a cada momento torpezas que no sólo le traen consecuencias para sí mismos, sino para todo su pelotón. Un fiel reflejo de cómo llegó Independiente a este encuentro: con un montón de suplentes y con muy pocas ideas. Cuando este tipo de formaciones se ven, sin dudas el hincha confía en que el deseo de los reemplazos de mostrarse haga que pongan más ímpetu y así puedan llevarse una victoria.

No sólo no se vio nada de eso, sino que muchos justificaron porque es que ni siquiera van al banco de suplentes. Estos “Colimbas”, en quienes el hincha depositaba su confianza, símil a los personajes de Olmedo y Porcel no se dedicaron más que a cometer torpezas y desaciertos, y al igual que en el film dirigido por Enrique Carreras, en donde las consecuencias no las pagaban sólo ellos, aquí la consecuencias del mal juego la pagaban los hinchas haciéndose mala sangre por un equipo conformado de torpes.

La primera mitad fue una de las peores de este rojo (sólo superada por aquella ante Lanús por Copa Argentina). Con una acusante falta de ideas y de conceptos, el rojo avanzaba a empellones tratando de sorprender a un rival que, aunque peligroso, puede ser vulnerable atrás. En el mediocampo es donde se vieron las mayores deficiencias. Con Bellocq incapaz de parar un colectivo aun alzando su brazo, un Méndez que una vez más vuelva a acusar los síntomas de la irregularidad en su juego (característica desde que llegó al rojo) y un Trejo que no se entiende como juega en el fútbol profesional de la Argentina; no podía pedírsele mucho al equipo, que de la mano de Aquino y Pereyra Díaz encontraba una tibia esperanza de poder generar algo.

Los ataques de San Martín no eran demasiado punzantes, aunque en la habilidad individual de algunos de sus jugadores podía llegar a encontrar alguna buena alternativa. Prueba de ello fue una jugada de Martínez a los 5 minutos que desvió bien el Ruso Rodríguez. El cotejo, más allá de no ser bien jugado, tenía dinamismo. Independiente iba a tener una chance en esa primera mitad cuando con un centro desde la izquierda, Lucero entró solo y cabeceó desviado.

El trámite venía parejo cuando Trejo, que hasta entonces estuvo ausente, no quiso perderse la oportunidad de figurar en el encuentro. Agarró en el área justo delante de Pitana (un árbitro al que se le critica, precisamente, que deja pasar mucho penales) a Ledesma. Infantil penal cometido por el jugador del rojo, que sumó una línea más a la larga lista de horrores cometidos vistiendo la casaca roja. La sentencia la cobró el propio Ledesma a los 25 que así puso el 1 a 0.

Sin la obligación de ir a buscar, el local hizo su juego y le puso toda la presión al visitante, que lejos de mostrar una reacción positiva se desordenó todavía más y los 45 iniciales finalizaron demostrando la más pálida de las imágenes. Sin ideas, sin generación de fútbol y acumulando imprecisiones (como la de Figal, que se cansó de equivocarse en los pases y en uno de ellos comprometió al Ruso que con una carambola evitó el segundo).

En el segundo tiempo la tendencia se mantuvo, hasta que por fin Pellegrino advirtió que si quería llevarse algo de San Juan, había que cambiar. A los 12 mandó a la cancha a Vera y Benítez por Lucero y Pereyra Díaz, de malas actuaciones (sobre todo la del ex Defensa y Justicia, cuyo desempeño fue, fiel a su costumbre, deprimente). Estos ingresos le dieron vida al rojo que encontró más espacios y así pudo generar algo. Finalmente a los 17 encontró el tanto que igualó las cosas. Llegó de la mano de Victorino, la figura, con un cabezazo imposible para el arquero sanjuanino.

A partir de aquí Independiente buscó ser más incisivo. El ritmo y las ganas de Benítez y Vera invitaban a pensar en algo más, aunque nunca pudo alcanzarse. En cambio, San Martín encontraba ocasiones claras, pero más que nada por los horrores en defensa de Aguilera por un lado (si bien, conviene señalar, tuvo una buena primera mitad) y Figal por el otro (que lo único que le faltó para hacerla completa fue un gol en contra). A esto hay que sumarle imprecisiones de Méndez, quien tuvo un partido olvidable.

El último cambio fue de Pisano por Aquino, buscando generar algo más de juego para que Vera y Benítez vayan más de punta. El poco peso en el juego de Matías fue el reflejo del mal momento que está teniendo. Es decir, el cambio no sirvió de mucho, si bien la idea fue buena porque hacía falta juego. Quizás hubiese sido mejor que saliera Trejo quien realmente debería replantear su carrera profesional (algunos clubes de la Primera C pagan muy bien).

Al final fue 1 a 1, en un encuentro mal jugado. Sin dudas una igualdad que no deja más que dudas de cara al futuro. No sólo porque los últimos dos partidos desnudaron deficiencias en el equipo, sino también porque hoy los suplentes demostraron que están lejos de ser una solución. Tal como los colimbas de 1987, hoy estos del 2015 no hicieron más que torpezas. Ahora solo falta que Pellegrino, para sumarse a las torpezas de sus dirigidos, salga en conferencia de prensa a decir: “quédense tranquilos que vamos a andar bien”.

#LeoHerrera

Redactor.

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